Perfeccionismo y procrastinación: por qué querer hacerlo bien puede impedir empezar

Evitación emocional y sobrecontrol: dificultad para expresar emociones y tolerar la vulnerabilidad

Tener estándares altos no siempre hace que hagamos más.

A veces ocurre exactamente lo contrario.

Una tarea puede ser importante, tenemos tiempo para hacerla e incluso sabemos perfectamente qué deberíamos hacer. Sin embargo, pasan las horas —o los días— y seguimos sin empezar.

Desde afuera puede parecer falta de motivación.

Pero muchas veces el problema no es no querer hacerlo. Es que la exigencia sobre cómo debería hacerse vuelve demasiado difícil comenzar.

Cuando empezar implica hacerlo bien

Si una tarea tiene que salir bien, empezar deja de ser simplemente empezar.

También implica enfrentarse a la posibilidad de equivocarse, hacerlo peor de lo esperado, descubrir que no sabemos tanto como creíamos o producir algo que no alcance nuestros propios estándares.

Entonces aparece una solución aparentemente sencilla:

esperar un poco más.

Hasta tener más tiempo.

Hasta estar más concentrado.

Hasta tener más información.

Hasta encontrar la manera correcta de hacerlo.

El problema es que ese momento ideal muchas veces no llega.

Procrastinar también puede reducir el malestar

Solemos pensar la procrastinación como un problema de organización o disciplina.

Pero postergar también puede cumplir una función emocional.

Mientras no empezamos, no tenemos que enfrentarnos todavía a la posibilidad de equivocarnos, elegir mal o comprobar que el resultado no será perfecto.

La postergación produce un pequeño alivio.

Y justamente por eso puede repetirse.

El problema es que después aparecen las consecuencias: menos tiempo, más presión, culpa y una tarea que ahora parece todavía más difícil.

“Si lo hago, quiero hacerlo bien”

La frase parece razonable.

El problema aparece cuando “hacerlo bien” se convierte en una condición para poder hacerlo.

Revisar una vez más.

Prepararse un poco más.

Esperar a tener todo claro.

Buscar otra alternativa.

Pensar cómo podría mejorarse antes siquiera de haber empezado.

La persona puede pasar mucho tiempo intentando garantizar un buen resultado sin avanzar realmente hacia él.

Aprender a hacer antes de tener garantías

Trabajar sobre este patrón no significa hacer las cosas mal a propósito ni abandonar los estándares personales.

Implica recuperar cierta flexibilidad.

Poder empezar sin tener completamente resuelto cómo va a terminar.

Entregar algo suficientemente bueno cuando la situación no requiere perfección.

Tomar una decisión sin revisar todas las alternativas posibles.

Y tolerar que actuar siempre implica algún grado de incertidumbre.

Porque muchas veces el perfeccionismo no mejora el resultado: impide que exista un resultado.

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