Pensar antes de actuar. Ser responsable. Prever problemas. Cumplir. Intentar no equivocarte.

Nada de eso es necesariamente un problema.

De hecho, probablemente muchas veces te haya ido bastante bien gracias a eso.

El problema aparece cuando necesitás estar suficientemente seguro, preparado o en control antes de poder avanzar.

Cuando una decisión sencilla requiere horas de análisis.

Cuando delegar da más trabajo que hacerlo vos.

Cuando equivocarte no significa simplemente equivocarte.

Cuando cambiar de plan te altera mucho más de lo que quisieras.

O cuando sabés perfectamente qué deberías hacer…

pero no tenés tan claro qué querés.

No todo perfeccionismo es sobrecontrol

Y tampoco toda persona organizada, responsable o exigente tiene un problema psicológico.

La pregunta no es:

¿Sos perfeccionista?

La pregunta que me interesa mucho más es:

¿Qué pasa cuando no podés hacer las cosas de la manera que considerás correcta?

¿Podés adaptarte?

¿Podés hacer algo suficientemente bien?

¿Podés cambiar de opinión?

¿Podés dejar que otro lo haga diferente?

¿Podés tomar una decisión sin eliminar antes todas las posibilidades de error?

¿Podés mostrar que no sabés?

¿Podés necesitar a alguien?

Ahí empieza a aparecer algo bastante más interesante que simplemente “tener estándares altos”.

El problema es que funciona

Esta es una de las razones por las que el sobrecontrol puede ser difícil de reconocer.

Controlar funciona.

Prepararte reduce errores.

Pensar mucho puede ayudarte a tomar buenas decisiones.

Anticiparte evita algunos problemas.

No mostrar demasiado puede evitar que te sientas expuesto.

Hacer las cosas vos garantiza que se hagan como querés.

Entonces, ¿dónde estaría el problema?

En el costo.

Porque una estrategia puede funcionar para evitar errores y, al mismo tiempo, hacer que cada decisión sea agotadora.

Puede ayudarte a ser independiente y hacer muy difícil pedir ayuda.

Puede protegerte de sentirte vulnerable y alejarte de otras personas.

Puede ayudarte a cumplir con todo y dejarte sin demasiado espacio para preguntarte si querías hacerlo en primer lugar.

Por eso no se trata simplemente de “dejar de controlar”.

Se trata de mirar qué te está dando ese control y qué te está costando mantenerlo.

Cuando pensar más parece la solución

Tenés que decidir algo.

Pensás.

Todavía no estás seguro.

Entonces buscás más información.

Comparás.

Volvés a pensar.

Imaginás distintos escenarios.

Preguntás.

Encontrás una opción.

Pero aparece otra variable que no habías considerado.

Entonces volvés a empezar.

Desde afuera puede parecer indecisión.

Desde adentro suele sentirse mucho más razonable:

“Todavía no tengo suficiente información para decidir bien.”

Y técnicamente siempre puede aparecer una variable más.

Por eso el problema no necesariamente se resuelve encontrando la respuesta perfecta.

A veces hay que aprender a decidir sin tenerla.

Perfeccionismo y procrastinación pueden llevarse bastante bien

Parece contradictorio.

Si algo te importa tanto, ¿por qué lo postergás?

Precisamente porque importa.

Empezar significa elegir una manera de hacerlo.

Elegir implica renunciar a otras.

Y terminar significa aceptar que el resultado ya no puede seguir mejorándose.

Entonces aparece:

“Todavía tengo tiempo.”

“Primero quiero organizarme.”

“Cuando tenga la cabeza más despejada.”

“Necesito investigar un poco más.”

“Mañana lo hago bien.”

No siempre procrastinamos porque no tengamos ganas.

A veces postergamos porque ninguna manera de empezar parece suficientemente correcta.

Y el sobrecontrol no ocurre solamente en el trabajo

También puede aparecer en las relaciones.

Pensar mucho antes de decir algo.

No pedir ayuda para no depender.

Evitar mostrar cuánto te importa algo.

Necesitar ordenar primero lo que sentís antes de hablar.

Ensayar mentalmente conversaciones.

Retirarte antes de quedar demasiado expuesto.

O intentar resolver una emoción como si fuera un problema que necesita una conclusión.

Desde afuera incluso podés parecer tranquilo.

Por dentro puede estar ocurriendo muchísimo.

Yo siempre fui así

Puede ser.

Y eso no significa necesariamente que haya algo que cambiar.

Pero que una manera de funcionar te acompañe desde hace muchos años no nos dice si actualmente te está haciendo bien.

Hay personas para quienes la exigencia, el control, el cumplimiento o la autosuficiencia se volvieron formas muy tempranas de manejarse con el mundo.

Y muchas veces recibieron reconocimiento por eso.

Responsable.
Maduro.
Independiente.
Exigente.
El que resuelve.

El problema aparece cuando aquello que durante mucho tiempo fue una fortaleza empieza a volverse demasiado rígido.

No necesitamos convertir una fortaleza en un defecto.

Necesitamos recuperar la posibilidad de elegir cuándo usarla y cuándo no.

Sobrecontrol no es un diagnóstico

Esto quiero decirlo explícitamente.

Sobrecontrol describe una forma de funcionamiento.

Puede aparecer asociado a diferentes dificultades psicológicas y también puede existir sin que una persona cumpla criterios para un trastorno específico.

En algunas personas, determinados patrones de perfeccionismo, rigidez, necesidad de control y dificultad interpersonal pueden formar parte de un trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo (TPOC).

Pero no son sinónimos.

→ Leer sobre TPOC

Y tampoco es lo mismo que TOC.

→ Ver diferencias entre TOC y TPOC

¿Cómo trabajo con esto?

No intentaría convencerte de que:

“No pasa nada si te equivocás.”

Probablemente ya lo sabés.

Tampoco se trata simplemente de bajar tus estándares o empezar a hacer todo mal.

Primero necesitamos entender qué función cumplen esas reglas, ese control y esa exigencia.

Qué intentás evitar.

Qué ocurre cuando no podés controlar.

Qué situaciones te vuelven más rígido.

Qué emociones cuesta mostrar.

Qué pasa en tus relaciones.

Y, sobre todo, qué cosas importantes están quedando afuera mientras intentás hacer todo correctamente.

Trabajo principalmente desde la Terapia Cognitivo-Conductual y terapias contextuales, prestando especial atención a los procesos de rigidez, evitación, reglas, inhibición emocional y sobrecontrol.

El objetivo no es convertirte en alguien despreocupado.

Es ampliar tu repertorio.

Que puedas seguir siendo responsable sin necesitar controlar todo.

Hacer algo bien sin necesitar hacerlo perfecto.

Pedir ayuda sin convertirlo en incapacidad.

Cambiar de opinión sin vivirlo como inconsistencia.

Y tomar algunas decisiones sin esperar primero sentir una certeza que quizá nunca llegue.

No hace falta que te identifiques con todo esto

Quizá sos muy flexible en algunos ámbitos y extremadamente rígido en otros.

Quizá el problema aparece solamente en el trabajo.

O en pareja.

O cuando tenés que tomar decisiones importantes.

O quizá leíste varias partes pensando:

“Esto no me genera sufrimiento a mí. Le genera sufrimiento a todo el mundo alrededor.”

También puede pasar.

No buscamos encajarte en una descripción.

Buscamos entender cómo funciona en tu caso.

Soy Florencia

Soy psicóloga y trabajo especialmente con problemas obsesivos, sobrecontrol y patrones de funcionamiento relacionados con perfeccionismo y rigidez.

Mi forma de trabajar no parte de intentar eliminar todo aquello que te incomoda.

Me interesa entender qué estás intentando resolver con eso que hacés y qué consecuencias tiene a corto y largo plazo.

Porque muchas veces el problema no es que una estrategia sea absurda.

Todo lo contrario.

El problema es que tiene demasiado sentido seguir usándola.

→ Conocer más sobre mí

Si te reconociste en algo de esto…

No necesitás decidir primero si sos “una persona sobrecontrolada”, si tenés TPOC o si tu perfeccionismo es suficientemente grave.

Podés contarme brevemente qué te está pasando y vemos si es algo que podemos trabajar.

→ Consultar por WhatsApp

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